En esta entrada hablaré de lo que supuso volver a la Universidad Politécnica de Valencia para finalizar mis estudios en Ingeniería Informática, siguiendo el patrón visto en clase a raíz a los libros «El viaje del Héroe» escrito por Stephen Giligan y Robert Dilts, y «El Héroe de las Mil Caras» de Joseph Campbell.

En el año 2009 aproximadamente, me dejé la carrera de Ingeniería Informática debido a problemas de índole personal, a pesar de quedarme sólo dos asignaturas y el PFC (Proyecto Final de Carrera, por aquel entonces). No podía concentrarme cuando estudiaba, y tampoco parar quieto en la silla delante del ordenador y la pantalla.
Al poco tiempo, empecé a trabajar con un amigo de Chiva en otro ámbito muy diferente: el de montaje, desmontaje y reparación de aparatología dental. Aquel trabajo me ayudó, no sólo para ganar unos pocos recursos económicos, sino también para viajar de un lado para otro, lo cual, y aunque fuese por motivos laborales, siempre era de agrado ver nuevas ciudades, comunidades y regiones como el País Vasco. Fue gratificante.
Sin embargo, tenía esa espinita clavada de no haber terminado la Ingeniería Técnica. Hasta que al final, esa espinita se convirtió en una llamada interior que no podía desoír.
Hubieron muchos rechazos a la llamada. Por un lado, quería y necesitaba dinero para poder independizarme y por otro, ya habían pasado cinco años desde mi último paso por la Universidad, y el Plan de Estudios había cambiado (Plan Bolonia). Me informé al respecto, y en aquel momento (sobre el año 2014), tendría que cursar no sólo las dos asignaturas que me faltaban y el proyecto, sino otras nueve asignaturas correspondientes al año extra añadido en los nuevos Grados Universitarios. Al principio lo consideré injusto. ¿Por qué no podía acabar mi Diplomatura si las dos asignaturas que me faltaban estaban tanto en el Plan Antiguo como en el Nuevo? El rechazo aumentaba, y no sin razón.
No obstante, y después de enfrentarme a mis miedos y dudas acerca de regresar (el temor a dejar el camino a medias de nuevo, fue uno de mis mayores miedos y dudas), decidí volver. De cualquier manera, necesitaba refrescar conocimientos y emprender un rumbo laboral en el contexto de los computadores y la informática. Esto último, y teniendo en cuenta que desde que era muy joven siempre quise estar involucrado e implicado en el mundo de los ordenadores, me ayudó para cruzal el umbral hacia mi objetivo.
Encontré a mis guardianes dentro del entorno familiar y de amistad, aunque aprendí que el mejor guardián no deja de ser uno mismo.
Después de la formación académica y sobre todo, tras mucho trabajo, esfuerzo, así como prácticas en el Ayuntamiento de mi localidad (Torrent), logré una transformación que convertí en un título de Grado en Ingeniería Informática, tras una última gran prueba: El Trabajo Fin de Grado.
No obstante y todavía más importante, fue un proceso de desarrollo interno que me ayudo obtener nuevas habilidades, no sólo en el ámbito académico y laboral, sino en el terreno personal.
Descubrí nuevas amistades, nuevos conocimientos y tras las prácticas, encontré un trabajo que me permitía pagar las facturas.
Podríamos decir, y siguiendo con el patrón de los libros «El viaje del Héroe» escrito por Stephen Giligan y Robert Dilts, y «El Héroe de las Mil Caras» de Joseph Campbell, vistos en las diapositivas en clase, que volví a casa tranquilo, habiendo cumplido con la obligación que me había marcado. Si bien, mirando con retrospectiva, no fue una obligación, sino un viaje que me habilitó nuevas oportunidades en la vida.








